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La carga mental es un trabajo que realizan las mujeres que conviven con sus familias (de nuevo sin remunerar) 24 horas al día, siete días a la semana. Muchas, muchísimas, han ido adaptándolo a sus vidas tan paulatinamente que ni siquiera son conscientes de que ese arqueo que duele está provocado por dicha carga. Muchas otras sí saben de dónde viene la asfixia que les provoca ese sentir que no llegan a todo, que no les da el tiempo ni el espacio, pero… ¿qué puede hacerse si no seguir hacia adelante?

La Unidad Central de Ciberdelincuencia alertaba ayer de que las descargas de pornografía infantil había subido un 25% durante el confinamiento. Eso implica que también se está generando contenido y que se está extorsionando a niñas y niños para que lo creen ellos y se los envíen a los pedófilos. Cecilia Carrión, inspectora de dicha unidad, contaba a El Periódico que es la nueva aplicación de moda entre los menores, Tik Tok, la que han elegido los depredadores para encontrar nuevas víctimas.

El otro día, una oyente del podcast nos proponía pararnos a reflexionar sobre cómo estábamos comportándonos con nuestro cuerpo en cuarentena. ¿Nos estábamos depilando, sabiendo que nadie nos vería? ¿Qué estaba pasando con el maquillaje y nuestro cabello?

El miedo, para mí, es la emoción más paralizante que existe. No hablo del miedo a no clavar un trabajo, ni el de hablar en público. Hablo del pánico, de esa sensación que te llena la boca de sabor a sangre, que tiene una carga superior a cualquier miedo que hayas pasado antes, carga que juraría ancestral. Como si toda la especie hubiera ido acumulando alertas a lo largo de la evolución y ahora tuviéramos la capacidad de sentir nuestro propio temor y el temor heredado de millones de otros.

Estos días de cuarentena estamos dejando constancia de la capacidad que tenemos para ser crear y divertirnos en un encierro, y de la solidaridad y empatía que somos capaces de regalar al resto de personas, conocidas y desconocidas. Pero lamentablemente también estamos asistiendo a la demostración de las actitudes más impías de otros muchos.

Se están impulsando todo tipo de iniciativas desde que comenzó la cuarentena por el coronavirus. Desde personas que ponen al servicio de la comunidad (offline y online) sus conocimientos hasta cantantes que hacen conciertos en streaming, pasando por comunidades de vecinos que juegan al bingo desde sus balcones, personas que se ofrecen a hacer la compra a personas mayores de su bloque, diferentes recogidas de firmas para que el Gobierno haga un plan de choque social para las más vulnerables e incluso cumpleaños cantados por el balcón a vecinas aisladas.

El podcast de esta semana lo abrimos con la carta de una compañera que, por primera vez, se atrevía a ir a una manifestación del 8M. Un testimonio duro en el que nos contaba cómo el miedo había dominado su vida a raíz del abuso sexual que sufrió durante toda su infancia.

Ilustraciones > Canina Walls

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