ARTÍCULOS

FEMINISTAS

articulos

El patriarcado es la estructura que genera la desigualdad que existe entre personas en función de su sexo. Este sistema se sirve de una serie de elementos para ello, siendo el género la herramienta más importante de todas. Herramienta que sirve para educar a unas y otros de forma diferenciada. Al final, esto construye una escalerita de dos peldaños: mujeres abajo y hombres arriba.

Quizás no mucha gente se acuerde pero hace solo seis años, el Gobierno, gestionado entonces por el Partido Popular, decidió «investigar» por qué sería eso de que los hombres mataban a las mujeres. Aquí tienen el artículo que perpetró El País acerca del asunto, donde explican la hazaña del PP: «Todo arranca lanzando al aire una pregunta casi siempre obviada bajo la etiqueta de «crimen machista»: ¿Por qué las matan?«.

¿Por qué debes dejar de ver porno hoy mismo? Esta es una pregunta cuya respuesta varía dependiendo de tu sexo, y es que -como en tantos otros asuntos- no tienes los mismos motivos si eres un hombre o una mujer.

Lo que motiva a unos y otras para consumir porno tampoco coincide: los varones acceden al porno para obtener placer a través de la violencia contra las mujeres y su dominación (cuanto más porno han visto, más violento necesitan que este sea) y las chicas suelen empezar a ver porno para saber qué se espera de ellas y qué deben hacer y esperar de los varones en la cama. El resultado es que ambos aprenden a excitarse con la violencia, una violencia que siempre ejercen los mismos contra las mismas.

Con motivo del 25N, entrevisté a Ana Trejo Pulido sobre los vientres de alquiler. La explotación reproductiva es una violencia tan invisible como la que sufren las mujeres prostituidas.

Aprovechando que se acerca el 25N, el día internacional contra la erradicación de la violencia contra las mujeres, me gustaría hacer una reflexión al respecto de un tema que parece nimio, pero solo lo parece: nuestras uñas.

En un mundo donde la imagen de una mujer es más discutida que sus palabras, sus manos, y más aún, sus uñas han sido siempre un campo de batalla al que nunca se le ha prestado demasiada atención. El motivo podría deberse a una jerarquización de las denuncias que se hacen sobre la presión hacia nuestro cuerpo. Sin embargo, me parecería un motivo equivocado: ¿por qué habría que elegir? Si podemos hablar de la presión sobre nuestro cuerpo, el peso, las curvas, el pecho, la celulitis, el pelo, el vello, la dentadura, el tamaño de nuestra nariz… si hablamos de, y denunciamos incluso, cómo la industria pornográfica está presionando a muchas mujeres a operarse para “rejuvenecer” la vagina o blanquearse el ano, ¿por qué no estamos hablando del elefante en el salón?

06/11/2023

Hace solo unas semanas, Lorena Ro, superviviente de la prostitución y miembro de Supervivientes en acción, me concedió una entrevista que difícilmente podré olvidar. Ni yo ni quienes la escucharon. Nos contaba su día a día en un piso prostíbulo. Un solo año fue víctima del sistema prostitucional, donde los “días buenos” era explotada por diez o doce hombres en apenas 8 horas. “Días buenos” porque, más allá de cómo estaba afectando a su salud, la acercaban a completar el dinero de la hipoteca que le debía al banco. “Mi proxeneta fue el banco”, dijo. Una mujer de 30 años que siempre había sido autosuficiente y había trabajado desde muy joven, se ve de pronto ante un futuro inmediato aterrador: quedarse en paro significaba no llegar a pagar la hipoteca, por lo que su madre y sus animales acabarían en la calle. En esos momentos, la violencia institucional comenzó a ser para su autoestima la puntilla. La mareaban y de un sitio la mandaban a otro, le decían “es que no tienes hijos” como toda excusa para no darle un duro e impedir así desde el Estado que se quedaran en la calle.

26/20/2023

Hemos crecido con la idea de que exagerar es casi como matar a alguien. Andamos siempre con miedo de haberle puesto un puntito más de importancia a lo que no lo merecía, especialmente las mujeres, paralizadas doblemente por el género. Ese «no exageremos» mental, ese mensaje de que se puede ser de todo menos exagerada/o. Parece incluso el antónimo de civilizada/o. Y ahí entra también la parálisis de no molestar ni a los fascistas. ¿Cómo le vamos gritar «fascista» a un fascista? Pues menudo caos sería eso. Nada, que no, que no es civilizado. No sería conveniente hacer eso si queremos mantener la paz social, la convivencia, el bienestar. Parece que hay que dejar a los fascistas tranquilos, que hagan sus cositas fascistas en paz, y es más: enseñar a nuestras criaturas que hay que respetar todas las opiniones. Incluso las de aquellos que quieren colgarnos de un muro. Eso es lo civilizado.

17/10/2023

El Partido Popular, en su obsesión por demostrar a los hombres que pueden confiar en ellos y que deben estar tranquilos en cuanto al feminismo se refiere, ha batido récords en tan sólo un par de semanas en sus ataques subterráneos contra las mujeres.

En esta ocasión ha sido de la mano de una reincidente Ayuso, una Thatcher wannabe que no deja de ser una mini Rita Barberá sin rastro de flema británica.

10/10/2023

La semana pasada, un señor llamado Santiago Alba Rico, en cuya firma aseguraba ser «escritor y filósofo», tuvo a bien escribir un artículo para EL PAÍS  llamado ¿A quién podemos besar?. Sí, amigas, el título no lleva a engaño: promete lo que luego te da. Se trata de un texto donde, una y otra vez, el autor replica lo mismo que estamos hartas de escuchar a raíz del auge del feminismo en general y del caso Rubiales en particular. Él lo llama «¿A quién podemos besar?» pero en realidad lo que se visualiza al leerlo es un señor gritando «A ver si ahora no voy a poder acercarme a las mujeres».

3/10/20223

Seguro que a todas nos suena eso de «yo no soy como las demás», «a mí no me gustan las mismas cosas que al resto», «esto lo lleva todo el mundo por lo tanto yo no lo voy a llevar», etc. Nos resuena o bien por haberlo vivido en carne propia o bien por haber tenido amigas así.

A las chicas con este tipo de comportamiento habrán visto que se las denomina Pick-me girl, que es una expresión peyorativa que acuñó el personaje de Meredith Grey (protagonista de Anatomía de Grey) y que se ha popularizado en los últimos años. Se trata de mujeres, mayoritariamente hablamos de las más jóvenes, incluso preadolescentes, que adaptan su personalidad y su imagen a lo que entienden como «preferencias masculinas».