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Ayer, miércoles, comenzó la Supercopa de España. ¿Dónde se juega? En Arabia Saudí. Sí, la Supercopa de este país se juega en uno de los países más represores y violentos del mundo con las mujeres. Represión y violencia, especialmente, institucional. ¿Por qué se juega un torneo de clubes españoles en otro país?

Aquí tienes la primera parte de este artículo sobre los tipos de violencias machistas que sufren las niñas y mujeres. Para prevenirlas y saber reconocerlas, hay que saber cómo son y dónde se esconden.

Violencia laboral

Abarcan las acciones u omisiones discriminatorias o violentas que sufren las mujeres por parte de aquellos con los que tienen un vínculo laboral o análogo, no es necesario que el maltrato o la discriminación venga de un superior. También, en este tipo de violencia, las prácticas son múltiples: brecha salarial, techo de cristal, suelo resbaladizo (…)

En la Resolución de Naciones Unidas 48/104, 20 de diciembre de 1993, se declaró que «por «violencia contra la mujer» se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada».

El formato del podcast que hacemos semanalmente, Radiojaputa, es en base a los audios que la propia audiencia manda por WhatsApp. Solo mujeres, eso sí. Y a veces, también niñas y adolescentes. 14 años, de hecho, tenía la chica que mandó un mensaje la semana pasada. En él contaba que su profesor de Educación para la Ciudadanía y Derechos Humanos aseguró en clase que el machismo apenas existía en España, y lo situaba en «países más pobres». Esta compañera no se quedó callada. Tampoco cuando el profesor dijo que el hembrismo sí existía y que el feminismo era igual a hembrismo, y ahí llegó el manido «cálmate» que tantas veces hemos escuchado todas. Al final, la clase sobre discriminaciones se centró en lo que sí existía: homofobia y transfobia.

Una de las cosas que, como feminista, más me cuesta trabajar conmigo misma es la expectativa del nivel de bondad que espero de las personas de uno u otro sexo. Es decir, siempre espero de las mujeres más calidad humana que de los hombres. Es un aprendizaje patriarcal muy potente marcado sobre todo por el nivel de paciencia y bondad que la sociedad ha esperado siempre de mí y de mis pares y, a la vez, por la nula expectativa que se tiene de los hombres. Esto conlleva por necesidad dos consecuencias extendidas en el mundo: «Agárrate cuando no alcances el nivel de bondad y paciencia esperado, mujer», y el sacrosanto: «Es un hombre, ellos son así».

El otro día, una compañera me preguntaba cómo era yo capaz de llevar tantos años escribiendo de lo mismo, haciendo un podcast sobre lo mismo, leyendo sobre lo mismo… y no cansarme o abandonar ante el menosprecio y ataques constantes. Aunque solo fuera abandonar temporalmente. Me resultó curioso porque yo he pensado lo mismo de otras activistas y compañeras a las que linchan constantemente, pero no de mí, cosa de género, imagino. También me hace pensar en las miles y miles de mujeres en todo el mundo donde sus vidas corren peligro de muerte. De hecho, muchas son represaliadas y asesinadas en otros países con versiones más duras del patriarcado.

Ha dado mucho que hablar la respuesta que Díaz Ayuso dio a una periodista sobre una de las propuestas del PSOE en su Congreso. La pregunta era fácil y se resume en ‘¿Qué opina de la propuesta del PSOE de abolir la prostitución?’. Ayuso, que llevaba un guion preparado para comentar lo expuesto en el congreso del PSOE, se había centrado tanto en la reforma laboral y la ley mordaza, que mareó la perdiz mientras miraba sus papeles para acabar arrastrando una respuesta general: «Las propuestas me parecen la nada».

Una mujer nos dejó uno de esos testimonios para el podcast que te hacen querer gritar. El Hospital Fundación Jiménez Díaz, en Madrid (concierto con la pública), tras darle la noticia de que no debía continuar con su embarazo por inviabilidad en el feto, la mandó a una clínica privada a abortar. Le dijeron que no podía hacerlo en el propio hospital, sin más.

Ilustraciones > Canina Walls

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