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Situación de las mujeres en Corea del Sur

*Situación de las mujeres en Corea del Sur aparece en el podcast:

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La semana pasada os hablamos de Argentina y hoy saltamos de continente y nos vamos a Asia. Concretamente a Corea del Sur.

Corea del Sur tiene un PIB per cápita similar al del Estado español y un número de habitantes también parecido. Sin embargo, las mujeres coreanas viven una situación de discriminación y desigualdad bastante más dura que la de nuestra sociedad.

Tradicionalmente, el arraigo de los valores patriarcales en la cultura coreana ha sido muy fuerte. Y aunque los cambios en las últimas décadas están siendo importantes, el peso de la cultura tradicional todavía es enorme. 

A esta opresión que han sufrido las surcoreanas dentro de su propia sociedad, se le solapa además la opresión ejercida sobre Corea por pueblos extranjeros. El ejemplo más extremo y conocido es el de las llamadas “mujeres de consuelo” o “de solaz”, no todas ellas son surcoreanas pero sí muchas. ¿Quiénes eran las mujeres de consuelo? Cuando Corea fue ocupada por Japón a principios del siglo XX y convertida en una colonia japonesa, las mujeres sufrieron una forma de violencia extrema: el ejército japonés las utilizó como prostitutas y esclavas sexuales durante la Segunda Guerra Mundial.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Corea recuperó su independencia pero partida en dos. En el norte se creó un estado comunista y en el sur uno capitalista, que además libraron una guerra durísima entre ambas coreas que duró hasta 1953. Una guerra en la que Corea del Sur fue apoyada por los EEUU y sus aliados, y en la que de nuevo las surcoreanas fueron utilizadas como prostitutas de los militares, de los norteamericanos por un lado y de los propios surcoreanos por el otro, a pesar de que la prostitución estaba y sigue estando prohibida en Corea del Sur. Hay que añadir que a día de hoy esa prohibición tampoco ha conseguido erradicar la prostitución.

La guerra de Corea terminó con esa frontera entre el norte y el sur súper militarizada y con una situación permanente de tensión. En el sur se tardó en abrirse camino un proceso de transición hacia una democracia parlamentaria. El sufragio universal, y por tanto también el derecho a votar de las mujeres, estaba reconocido desde 1948, pero hasta finales de los años 80 el país prácticamente fue saltando entre dictaduras y golpes de Estado, siempre con una influencia tremenda del Ejército en la política. 

Con la transición democrática llegaron nuevas leyes sobre igualdad de género en el trabajo, en los años 90 llegaron leyes contra la violencia sexual o contra la violencia dentro de las casas, etc. Cambios que han ido ayudando a mejorar la situación de las surcoreanas pero de forma muy lenta, porque en la práctica los obstáculos sociales y culturales que se encuentra esta lucha por la igualdad son infinitos.

En el ámbito de la política la desigualdad es tremenda, con menos de un 20% de parlamentarias a día de hoy, por ejemplo. Es verdad que hubo una mujer presidenta, muy conservadora, Park Geun-hye, entre 2012 y 2016, pero lejos de ayudar a favorecer la igualdad, esta mujer, que salió del gobierno por un escándalo de corrupción, ha acabado siendo utilizada por los sectores más reaccionarios del patriarcado como ejemplo de que las mujeres no valen para la política. 

En el terreno económico y laboral la discriminación es todavía más bestia. En profesiones como direcciones, altos funcionarios, etc., cerca del 90% son varones. En todos los índices y rankings globales que miden la desigualdad a través de distintos indicadores, como el del Foro Económico Mundial que ya comentamos el otro día, o el Índice del Techo de Cristal de The Economist, Corea del Sur obtiene muy malas puntuaciones. Hasta el punto de que aparece por ejemplo como el país con la brecha salarial de género más elevada de los 38 de la OCDE, eso que llamamos coloquialmente “el club de los países ricos”. Las tasas de desempleo femenino son altísimas, las mujeres sufren la temporalidad en el empleo y un largo etcétera de las consecuencias del patriarcado en este aspecto. 

Además, las presiones que sufren las mujeres para plegarse al rol patriarcal de madres, esposas y amas de casa son muy fuertes y las trabas que se les ponen en el mercado laboral son tremendas. En las entrevistas de trabajo, son el pan de cada día las preguntas sobre si planean o no ser madres, por ejemplo, y a menudo se las discrimina o se las descarta en los procesos de selección solo por ser mujeres. Lógicamente esto es ilegal, pero se hace y además cuando sale a la luz tiene pocas consecuencias. 

En los últimos años se han destapado e investigado varios casos de discriminación masiva a mujeres en procesos de selección de grandes empresas, incluidos varios de los principales bancos surcoreanos. Existen prácticas como decidir de antemano que la ratio entre hombres y mujeres en un departamento debía ser de 4 hombres por cada una mujer, por ejemplo, y fabricar luego las puntuaciones en las entrevistas de cientos de candidatos para descartar a las mujeres. Pero muchos de esos casos han acabado con penas y multas irrisorias. Vamos, que al sistema le sale a cuenta. 

La presión sobre la imagen de las surcoreanas es verdaderamente asfixiante. Lo demuestra sus consecuencias, por ejemplo, miremos el volumen de surcoreanas que recurren a la cirugía para intentar adaptarse al canon de belleza: en 2015 una encuesta volcaba que hasta el 30% de las veinteañeras se habían hecho alguna operación estética. Los trastornos alimenticios también son un enorme problema, que además ha saltado a la prensa internacional últimamente a raíz de los suicidios de varias estrellas del K-Pop.

El grado de misoginia sistémica que afecta al país, las instituciones y la judicatura se están demostrando incapaces de dar una respuesta aceptable a la violencia contra las mujeres. Y esto ha acabado provocando una reacción enorme del feminismo, impulsada por la indignación de las mujeres ante fenómenos como el de las cámaras espía, lo que allí llaman “molka”, grabaciones voyeur a mujeres en vestuarios, baños, etc. que luego se hacen circular por internet. Esta práctica es una auténtica plaga en Corea del Sur. También el feminismo ha estallado en denuncias ante casos de violencia machista muy sonados, como el asesinato de una joven en unos baños de un karaoke en 2016 por un desconocido, el llamado caso Gangnam, un crimen misógino ejecutado por un señor que aseguró que lo hizo porque no ligaba pero al que se quiso luego hacer pasar como un enfermo mental sin más. 

Las surcoreanas se han ido uniendo en torno a un movimiento feminista radical súper potente, dentro del cual tienen mucha influencia las lesbianas, cómo no. El feminismo radical surcoreano se ha manifestado masivamente para pedir soluciones a la desigualdad, y el año pasado se puso en marcha un partido político, el Partido de las Mujeres, que tuvo más de 200.000 votos en las elecciones legislativas, y que está plantando cara de forma directa al patriarcado, promoviendo desde acciones contra las normas de belleza, como el que denominan “Quítate el Corsé”, hasta otros más radicales como el Movimiento 4B, encabezado por las lesbofeministas y que aboga por renunciar a las citas, al sexo, a los hijos y sobre todo al matrimonio, que en Corea del Sur es sinónimo de completa sumisión a los maridos. 

Estas compañeras desde luego se están haciendo oír y su creciente presencia pública ha sido clave por ejemplo en la muy reciente legalización del aborto en Corea del Sur, que acaba de entrar en vigor.  El tema del aborto tiene mucha miga y también es buen ejemplo de la misoginia y la losa patriarcal que padece el país. Antes solo se podía practicar en casos de violación o riesgos para la salud, pero aun así durante las épocas en las que la población surcoreana crecía muy rápido se hacía la vista gorda a los abortos clandestinos porque se pensaba que venía bien para controlar la población y favorecer el desarrollo económico del país. Además hasta hace muy muy poco, sobre todo en los 80 y los 90, se practicaba, como en otro países que iremos viendo, los abortos selectivos de niñas, y en algunos años, sobre todo en las zonas más conservadoras, se podía apreciar un desequilibrio claro entre los niños y las niñas que llegaban a nacer. 

Ahora la situación surcoreana es muy diferente, porque precisamente es el país con las cifras de natalidad y fecundidad más bajas del mundo, así que desde las instituciones se intenta promover la maternidad, el amor heterosexual, etc. Incluso a través de telenovelas y otros productos audiovisuales. Así que lo que tienen enfrente las compañeras surcoreanas es mucho.

Ilustraciones > Canina Walls

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