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Situación de las mujeres en Chile

*Situación de las mujeres en Chile aparece en el podcast:

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Chile tiene el Índice de Desarrollo Humano más alto de Sudamérica y es el segundo país con mayor PIB per cápita del subcontinente. ¿Se traduce eso en que también es un país avanzado en cuanto a la igualdad entre los sexos? Pues, no. 

Que la situación no es demasiado positiva nos lo dice, ya de primeras, cualquiera de esos rankings mundiales sobre igualdad que a veces citamos en esta sección del programa. En el Índice Global de la Brecha de Género, por ejemplo, Chile aparece en el puesto 70, por detrás de países como Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador o Perú. Siempre os recuerdo que estos índices hay que cogerlos con pinzas, porque miden cosas como la participación económica y política de las mujeres, o su nivel educativo, pero no tienen en cuenta parámetros como la violencia contra las mujeres o la legislación vigente. 

Pero bueno, algo siempre podemos rascar de estos índice, y en el caso de Chile se puede comprobar, por ejemplo, que a pesar de haber tenido a una mujer presidenta durante ocho años, Michelle Bachelet, la presencia femenina en política es reducida. Las mujeres son alrededor del 30% en el gobierno, en los ministerios, y poco más del 20% tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Y en cuanto a su participación económica, la tasa de empleo femenino es de las más bajas de América Latina: poco más de un tercio de la masa laboral son mujeres, y se concentran en el sector servicios y, en general, en trabajos más precarizados y peor remunerados. 

En promedio, las mujeres ganan un 27% menos que los hombres. Y ¿qué os contamos de los cargos directivos? que las mujeres son menos del 10% en los consejos de administración de las empresas y menos del 5% de esas empresas están dirigidas por mujeres… A nivel educativo sí se ha alcanzado la paridad, ya estaréis viendo que en el ámbito educativo es donde la mayoría de los países son más igualitarios, a pesar de los obstáculos, las mujeres quieren estudiar, saber. Recordaremos siempre en este punto que aún hay países donde las niñas y adolescentes se visten de niños para poder asistir a clases. 

Más allá de estos datos, a mí me interesa llamaros la atención sobre la situación de discriminación legal, por una parte, y social, por otra, que sufren las compañeras chilenas. Sabéis que Chile sufrió una cruel dictadura militar alentada por Estados Unidos, cómo no, y encabezada por Pinochet, entre 1973 y 1990. 

En 1973 esta gentuza dio un golpe de Estado, en el que mataron, o bueno, acorralaron hasta que se suicidó no está muy claro, al presidente elegido con los votos de la ciudadanía chilena, Salvador Allende, para implantar esta dictadura que fue, además, como sabéis, el laboratorio de pruebas del neoliberalismo a nivel mundial que Estados Unidos necesitaba. 

Aunque ya hace 31 años que la dictadura cayó, acabar con la herencia fascista está siendo muy difícil, y todavía a día de hoy se mantienen algunas de esas herencias pero incluso a nivel legal. Pensemos que nosotras cargamos todavía con el franquismo y supuestamente se acabó no hace 31, sino 45 años. 

Una de estas herencias que aún carga la ciudadanía chilena es la propia Constitución de Chile, de los años 80, que es hija de los valores de esa dictadura, donde el papel que la ideología oficial reservaba a las mujeres era el de ser madres y esposas. Esa Constitución ni siquiera reconoce la igualdad entre sexos en su articulado, y eso ha permitido que algunas injusticias se mantengan hasta el día de hoy. Por suerte esto parece que este punto está a punto de cambiar, porque hace unos meses se reunió una Asamblea para redactar una nueva Constitución. Una asamblea elegida por las chilenas y los chilenos, claro, que además de paritaria, está presidida por una mujer indígena, mapuche

Este avance es un éxito que se deriva de todas las manifestaciones masivas contra el gobierno, contra la corrupción y contra la desigualdad social que sacaron a la ciudadanía a las calles del país entre 2019 y 2020. En esas manifestaciones las feministas tuvieron un papel y una presencia importantes, seguro que todas recordamos que las compañeras chilenas parieron ahí, en ese contexto, el himno feminista de “El violador eres tú”. 

Pero, como os digo, parte de las situaciones abusivas derivadas de la dictadura se mantienen. Por ejemplo, en los matrimonios con el sistema de “sociedad conyugal”, que es el régimen de aplicación tradicional en la legislación chilena, la administración de todos los bienes de la pareja corresponde al marido. Ya hace tiempo que es posible casarse con separación de bienes, pero la otra opción sigue vigente y hay mucha gente, sobre todo gente mayor, que se casó por ese sistema. Para colmo, en Chile el sistema de salud es dual, pública-privada, que el bolsillo manda. Eso nos da pistas de por qué es importante el siguiente dato: las aseguradoras de salud privadas han cobrado siempre mucho más a las mujeres que a los hombres. Muchísimo más, de hecho.

Hay leyes y situaciones que sí se han ido cambiando, pero de forma insuficiente y lenta. El adulterio no dejó de ser delito hasta 1994, y hasta 1998 los hijos nacidos fuera del matrimonio tenían menos derechos. Hasta 2004, ojo a esto, 2004, no se aprobó una Ley de Divorcio. Hasta entonces, las chilenas no podían divorciarse, con todo lo que eso conlleva. Pero es que cuando se aprobó el divorcio, la ley obligaba a mujeres divorciadas y viudas a esperar como mínimo nueve meses antes de volver a casarse. Y esto no se anuló, amigas, hasta el año pasado. 2020. 

Y vamos al tema del aborto. Ya en el año 1931 se establecieron excepciones en el que las mujeres podían abortar con fines terapéuticos. Hasta que llegó Pinochet, y en plena dictadura, como siempre, se prohibió y criminalizó el aborto en cualquier tipo de supuesto, incluída la violación o la inviavilidad del feto incluidas. Solo estaba permitido el llamado aborto indirecto, es decir, aquel que se practicaba para salvarle la vida a una mujer. Pero es que, en 2017, siendo presidenta Bachelet, supuestamente izquierdista, esta ley se cambió por otra pero también muy restrictiva. A día de hoy, en Chile, solo se permite abortar a las mujeres en los supuestos de violación, riesgo para la salud de la madre e inviabilidad del feto. Y aun así, la derecha recurrió esta nueva ley del aborto ante el Tribunal Constitucional, afortunadamente sin éxito. 

La fuerza del catolicismo tiene mucho que ver en todo esto, sin duda. Además el patriarcado está muy arraigado: un estudio del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas de 2010, concluye que el 62% de la ciudadanía de Chile era contraria a la plena igualdad entre los sexos. 

Otro tema tremendo, como en todas partes, es la violencia machista. Un estudio del Servicio Nacional de la Mujer de principios de los años 2000 daba unos datos escalofriantes, como que más del 50% de las mujeres casadas o en uniones de hecho en Chile habían sufrido violencia a manos de su pareja. Un 16% abusos psicológicos y un 34% abusos sexuales o maltrato físico. También decía ese informe por ejemplo que cerca de un 43% de las chilenas habían sufrido violencia sexual antes de cumplir los 15 años. Como suelo apuntar, esos datos se limitan a las mujeres que son conscientes de qué es la violencia machista y además, quieren decirlo en una encuesta. Por lo que la violencia siempre es mucho mayor, de hecho incalculable, en la vida real. 

Actualmente, solo en el área metropolitana de Santiago de Chile, los casos de violencia machista que llegan a la policía, por denuncias o por detenciones in fraganti, afectan cada año a 1 de cada 100 chilenas de esa zona. Y esto es lo que llega a saberse, o sea, la punta del iceberg de la violencia machista es de una de cada 100, no imaginamos siquiera cómo de profundo llega a ser el iceberg para las compañeras de Chile. 

Se han aprobado leyes para luchar contra este tipo de violencia, la primera fue la Ley de Violencia Intrafamiliar de 1994, reformada en 2005, y en 2010 se presentó también una Ley de Feminicidio que aumentó las penas para este delito. Esta, inicialmente consideraba feminicidios solo a los asesinatos por parte de parejas o exparejas, pero el año pasado se cambió ese concepto para incluir todos los asesinatos de una mujer por el hecho de serlo, como debió ser desde el principio. En cualquier caso, el problema sigue ahí, y las compañeras feministas se quejan de que estas leyes, para sorpresa de nadie, son insuficientes y además no se dotan como es debido. Según estadísticas de la Unidad Especializada de Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales de la Fiscalía chilena, ha habido en el país entre 34 y 80 feminicidios anuales desde 2005. Uno de cada cuatro intentos de feminicidio se consuma. Hablamos de un país de 19 millones de habitantes, es decir, si extrapolamos al caso español, con 48 millones de habitantes, es como si aquí tuviéramos según el año hasta 200 feminicidios al año. Aquí, como sabéis, no se considera un asesinato por violencia machista si la mujer no era pareja del asesino, por eso nos vamos siempre a las estadísticas de las compañeras de feminicidio.net, que registran todos los casos de mujeres asesinadas por hombres, independientemente de si tenían o no relación. Y, bueno, a los 200 feminicidios no hemos llegado nunca, pero sí ha habido años en los que hemos superados los 100.

Y ya para terminar, dos cuestiones de las que siempre solemos: la primera es la prostitución, que en Chile tiene un estatus muy particular, porque es legal en el ámbito privado, estando las mujeres prostituidas obligadas a registrarse oficialmente, en intento de copiar al fracasado modelo holandés, pero al mismo tiempo está prohibidos y sancionados el proxenetismo, la publicidad de la prostitución y la existencia de burdeles. 

Y el segundo tema es la situación de la comunidad LGTB. El lesbianismo, como suele pasar, ha sido mejor tolerado que la homosexualidad masculina. Las lesbianas al final qué van a hacer entre ellas, si no tienen pene, claro. Pues nada. Déjalas que se den besitos, suelen decidir estos inteligentísimos legisladores del patriarcado. Y, bueno, hasta 1998 la sodomía era delito, amigas, y a día de hoy, la edad de consentimiento sexual es de 18 años para las relaciones homosexuales masculinas pero, sin embargo, es de 14 para las relaciones heterosexuales, porque claro, los señores heteros legisladores, no se ponen trabas a sí mismos, no quieren esperar tanto para acceder al cuerpo de las mujeres, tanto que la edad de consentimiento se baja hasta la adolescencia temprana, 14 añitos. Las lesbianas lo mismo, 14. Pusieron 14 para ellas por no decir: vosotras cuando queráis, cariñas. Me produce especial repugnancia este tipo de cosas. Y, bueno, hay países que bajan aún más la edad y lo tienen en 12 años. 

El matrimonio entre personas del mismo sexo no tiene aún una ley que lo permita, pero se está intentando. Lo que sí hay en Chile, desde hace más de dos años, además, es la correspondiente Ley neoliberal de Identidad de Género, aprobada durante el gobierno derechista de Sebastián Piñera, que permite la autodeterminación de género. Como pasa en otros países que están adaptando este tipo de leyes -bajo gobiernos de todos los colores-, en Chile también sucede que se aprueban leyes trans mientras que los derechos más básicos de las mujeres, lesbianas e incluso hombres homosexuales están bloqueados: el aborto, la unión de parejas, el derecho a adoptar, etc, pues este tipo de leyes se aprueban sin mayores problemas y además sin lucha social ni presiones como las que sí ejercen por ejemplo las feministas. Pues no sé qué más pruebas necesita alguna gente para caerse del caballo, amigas.

Ilustraciones > Canina Walls

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