Si no sabes qué ver este finde y te apetece algo ligerito pero intrigante… tengo la serie que está buscando. La tienes en Netflix, es inglesa, solo tiene 8 capítulos y se llama «Quédate conmigo» (Stay close).
Si no sabes qué ver este finde y te apetece algo ligerito pero intrigante… tengo la serie que está buscando. La tienes en Netflix, es inglesa, solo tiene 8 capítulos y se llama «Quédate conmigo» (Stay close).
Hoy hablamos de Modern Love, la serie de Amazon Prime basada en la columna del mismo nombre que The New York Times publica desde hace casi dos décadas.
Se entiende perfectamente la ola hater por parte de la muchachada facha hacia No mires arriba (Don’t look up): todos sus ídolos y elegibles en las urnas están retratados en el film de una u otra forma.
«La madrugada del 5 de septiembre de 1936 en Manacor fueron ejecutadas por los fascistas cinco milicianas. La existencia de un diario escrito por una de ellas, donde se relatan los días de campaña en Mallorca, y una foto del grupo hecha poco después de ser detenidas es el punto de partida de la investigación». Así reza la sinopsis de Milicianas, un documental de Tania Balló.
No somos muy fans en estas recomendaciones semanales de los contenidos basados en las luchas cuerpo a cuerpo y las persecuciones. Sin embargo, hay una serie muy interesante y muy recomendable dentro de este género. Por varios motivos. Se trata de Hannah (Prime), que parte de la película de mismo nombre (2010).
Hace unos meses hablé de una serie brasileña que me había impactado a pesar de no tener una premisa rompedora. Hoy quiero hablaros de otra que, si bien ha tenido cierta fama, no ha sido nada proporcional a lo que merecía. Sobre todo teniendo en cuenta el éxito de El Juego del Calamar, serie que bebe bastante en mi opinión de ella (y que ya pusimos a parir aquí). Se llama 3% y la tenéis en Netflix.
La serie de Netflix La asistenta (Maid) está basada en el bestseller homónimo de Stephanie Land. En él narra su propia vida. La serie está basada solo ligeramente en el libro, tendríamos que decir. La vida de Land fue mucho más solitaria que la de Alex (Margaret Qualley), y en su libro entrelaza su lucha contra la precariedad con sus reflexiones respecto a las casas (y habitantes) que limpia, teniendo siempre de fondo el lastre emocional que supone ser una víctima de violencia machista y, además, madre.
¿Qué hace usted aquí? – le pregunta el protagonista de El Juego del Calamar a un anciano que encuentra entre los concursantes del mortal y terrible juego. – Debería estar comiendo lo que le prepara su nuera, luego tumbarse en el suelo y ver jugar a sus nietos.
Hoy quiero hablar de una serie que me ha gustado mucho, pero cuya recomendación lleva peros. Hablo de El Colapso (Filmin), una serie francesa sobre los estragos que causa el cambio climático en un futuro distópico, un futuro cercano, muy anterior a 2050.
Quienes tienen el poder y la obligación de ponerle urgencia y medidas radicales a esta lucha contrarreloj siguen manteniendo la actitud del aspaviento: moverse mucho, poner tuits y caras graves en entrevistas, organizar reuniones e inventarse parches para que parezca que sí, pero realmente no estar haciendo lo necesario -ni siquiera lo mínimo- para salvar el planeta.
Como siempre, recae sobre la sociedad civil la carga de presionar y presionar, sin descanso, para que quienes deben hacer algo, lo hagan. Para quienes escurren el bulto por intereses económicos, no puedan avanzar porque el bulto ya se lo impide.
¿Qué ocurre con series y contenidos como El Colapso?
La temporada que hay disponible en Filimin consta de 8 capítulos de no más de 15 minutos y centrado en situaciones concretas como un supermercado, una aldea, una gasolinera, etc. No solo la temática, el guion y la trama te sumergen en la angustia de un sistema que ya ha colapsado, sino también el hecho de que cada uno de los capítulos están grabados en una sola toma. Quince minutos cada vez, quince minutos de no respirar. Porque no hay marcha atrás. El sistema ya no existe. Cuerpos como el de la Policía no tiene ninguna autoridad, ningún servicio funciona, luz, tarjetas de crédito, suministros… los políticos han volado, los ricos se desprenden de sus riquezas por la promesa de un oasis donde salvar sus culos, el pueblo se busca las habichuelas y en muy poco tiempo emana lo peor del ser humano, instalándose la ley del más fuerte.
Objetivamente, El Colapso es un contenido de calidad. Es realista, intrigante y está muy bien trabajado y dirigido. Sin embargo, este tipo de tratamientos sobre adónde vamos, ese realismo que ya estás segura que te va a tocar vivir, consigue paralizarte, anularte. Te hace perder la esperanza, ver más real de lo que en realidad es ese colapso. Me di cuenta de que durante toda la serie, el derrotismo ganaba a las ganas de pelear. No paré de pensar en cómo poder anticiparme a todo eso que -tal y como pensé todo ese tiempo-«sí, va a pasar». Cómo protegerme a mí y a quienes quiero. Cómo se puede escapar de ese futuro aterrador, cuando no eres rica para comprar oasis. Cómo cuidar de la gente que quiero y que no les falte de nada. De dónde sacar comida cuando no haya abastecimiento. Dejas de pensar en el presente, el fatalismo se apodera de ti, como si ese futuro distópico ya fuera una realidad inevitable, y sin darte cuenta si no deberías estar poniendo los esfuerzo en aprender a remendar ropa, aprender a cultivar alimentos o acumular medicamentos en vez de en hacer activismo y seguir presionando.
Esta forma de tratar algo tan grave como el cambio climático nos hace caer en el catastrofismo, en darlo todo por perdido. Y todavía podría ser inocuo si no lo acompañaran las comunicaciones sobre este tema que existen en todos los medios de comunicación del mundo. ECODES, en uno de sus consejos a los medios, pide «Incidir no sólo en los impactos del cambio climático sino también en las causas y las soluciones. Los medios de comunicación se centran generalmente en las consecuencias, lo que conlleva un carácter catastrofista de la mayor parte de las noticias sobre cambio climático». Y eso nos hace mella, nos hace preguntarnos por qué luchar si ya está todo perdido y nada va a cambiar. Una parte de la sociedad se sumerge en este catastrofismo paralizante, mientras que otra parte -nada desdeñable- está embarcada en el optimismo infundado.
Anabela Carvalho, en «Comunicación, controversias e incertidumbres frente al consenso científico acerca del Cambio Climático», señala que «los discursos dominantes en los medios de comunicación han generado un espacio simbólico que promueve la inacción, reforzando tanto el actual sistema social, económico y político como las prácticas de consumo energético y las emisiones de gases con efecto invernadero». Además, analiza los tres discursos dominantes en los medios: por una parte, «el negacionismo residual ante el consenso científico» que todas sabemos perfectamente a quién señalar a este respecto. Otro discurso mediático son «las alarmas sobre el cambio climático y los discursos mediáticos alarmista-optimistas«, que van desde estos futuros distópicos que acabamos dando por sentados hasta noticias muy mal enfocadas y con un optimismo absurdo sobre los pequeños respiros que pueda volcar cualquier estudio. Y el tercero es el que Carvalho llama «la hegemonía de las prácticas tecnoadministrativas y de los discursos acerca del desarrollo sostenible (por ejemplo, la prevalencia de «soluciones» técnicas o administrativas ante el cambio climático y la ambigüedad del discurso acerca del desarrollo sostenible)».
Este panorama explica que la sociedad en general sufra la paradoja de conocimiento-inacción, es decir, conocemos la gravedad de la situación y no la negamos en una inmensa mayoría, pero estamos inmersas en una inacción que -en mi opinión- se refleja en los políticos de todo el mundo, que siguen sentados cómodamente en la actitud del aspaviento.
Hana Makhmalbaf filmó con tan solo 17 años la película de la que vamos a hablar hoy. Película con la que, dos años después, obtendría el Premio Especial del Jurado en San Sebastián. Se trata de Buda explotó por vergüenza (‘Buda as sharm foru rikht’, actualmente solo puede encontrarse en páginas o canales de documentales de fácil acceso).