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Situación de las mujeres en Islandia

*Situación de las mujeres en Islandia aparece en el podcast:

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La semana pasada empezamos a hacer una encuesta en el Instagram de Radiojaputa para que seáis vosotras a partir de ahora las que escojáis el país del que queréis que hablemos para abrir el podcast. Colgaremos estas encuestas los martes. Y esta primera vez habéis decidido que nos vayamos hasta Islandia. Yo creo que estabais ya un poco agobiadas de tanta mala noticia y habéis buscado un país del que podamos hablar bien, ¿no? Y es que, como muchas ya sabéis, Islandia tiene la fama mediática de ser el mejor país del mundo para ser mujer. ¿Pero hasta qué punto esto es así? ¿Es Islandia, como alguna vez he leído en prensa, un “paraíso” para las mujeres? Pues ya os adelanto que… igualdad no hay en ningún sitio y patriarcado hay en todas partes.

En el caso de Islandia, me parece importante que empecemos con una precisión demográfica. Islandia es un país que es un poco más grande que Portugal en extensión pero allí solo habitan 357.000 personas, de las que unas 120.000 viven en la capital, Reikiavik. Es decir, es una sociedad pequeñita, manejable, y eso facilita mucho generar consensos y compromiso con la política, hace que sea más rápido sacar adelante cambios legales y ver sus efectos, etc. Y por otra parte, al ser poca gente y además estar relativamente aislados geográficamente, hay problemáticas que no sufren de forma importante. Incluso cuestiones sobre las que a lo mejor han tardado en legislar sencillamente porque no se han encontrado realmente con la necesidad de hacerlo. 

Islandia encabeza un año tras otro el Índice Global de Brecha de Género desde hace más de una década, y esto, explotado por supuesto por los propios políticos islandeses, es lo que ha hecho que se consolide esa imagen de “paraíso terrenal” para las mujeres. Una imagen que las propias feministas y expertas de Islandia consideran perjudicial además de engañosa. Perjudicial porque al final puede acabar provocando una relajación que desincentive los cambios que todavía hacen falta.

En todo caso, sí es verdad, por supuesto, que es un país pionero en lo que a medidas para la igualdad se refiere. A día de hoy, las mujeres son más o menos el 40% tanto en el parlamento como en el gobierno, que es algo menos que España, por cierto, que ya sabéis que es actualmente el país con más ministras del mundo. Pero hay una diferencia clave, y es que allí sí ha habido mujeres ocupando tanto el cargo de presidenta como el de primera ministra. Y mujeres con un discurso feminista, que es lo determinante.

Un poquito de historia. Islandia se independizó de Dinamarca en 1918, aunque hasta 1944 el rey danés seguía siendo rey de Islandia. En ese año, 1944, el país pasó a ser una república. 

En 1920 las mujeres consiguieron el derecho a voto y dos años después, en 1922, fue elegida la primera mujer para el Althing, el parlamento islandés, formando parte además de una candidatura integrada exclusivamente por mujeres. Aun así, las mujeres políticas en aquel entonces eran una rareza también allí, no nos engañemos. En los años 70 todavía eran sólo alrededor del 5% en el parlamento. Pero cuando la ONU proclamó 1975 como Año Internacional de la Mujer, se produjo un hecho que muchas conocéis y que fue la chispa que encendió de verdad el cambio. Me refiero a la huelga general de mujeres, que paralizó el país para llamar la atención sobre la desigualdad salarial, pedir también por ejemplo que se pusiese en marcha una red de guarderías que les permitiese conciliar… Esa huelga tuvo efectos inmediatos en la sociedad islandesa y ha inspirado otros movimientos similares en muchos sitios.

El impulso de ese movimiento feminista hizo que en 1980 resultase elegida como presidenta una mujer, Vigdís Finnbogadóttir, que además era una reconocida activista y tenía un perfil poco normativo para la época: divorciada, había sido la primera islandesa en adoptar sin estar casada. Fue la primera presidenta electa democráticamente de una república en todo el mundo. Estuvo 16 años en el cargo y con ella se aprobaron varias leyes feministas. Otro hecho bastante insólito es que entre 1983 y el 2000 existió además un partido feminista, la Alianza de Mujeres, que sacó varias parlamentarias en todas las elecciones

Y ya más recientemente Islandia ha tenido dos primeras ministras: Jóhanna Siguroardottir, nombrada en 2009, que fue además la primera mujer abiertamente lesbiana en ocupar un cargo de este nivel en todo el mundo, y luego la primera ministra actual, Katrín Jakobsdóttir, del Movimiento de Izquierda Verde, que es un partido ecosocialista y ecofeminista. 

Esto no implica ni mucho menos que la política islandesa sea un ámbito libre de machismo. Es más, los ecos del #MeToo en Islandia se centraron en las actitudes machistas continuas que soportan las políticas en las instituciones, y en 2018 hubo un escándalo cuando se filtró a la prensa una grabación privada en un bar en la que se escuchaba a varios políticos islandeses de primera línea, incluido un ex primer ministro, refiriéndose a compañeras en términos sexistas e incluso mofándose de una activista y ex diputada con discapacidad. Los mismos que en público sacaban pecho de ese teórico liderazgo islandés en igualdad.

Pero ya os digo que ese liderazgo femenino no se queda en la política: la jefa de policía es una mujer y hasta la Iglesia Nacional de Islandia, que es la principal del país, está encabezada por una obispa. Islandia ha sido también pionera en la exigencia por ley de paridad en los consejos de las empresas, y es uno de los países con una legislación y un sistema más estricto para garantizar la igualdad salarial. Desde 2018 se audita a las compañías para comprobar que pagan lo mismo por trabajos comparables, y se sanciona a las que no lo hacen. Pero con todo y con eso, la brecha salarial es del 14%. Porque aunque las mujeres están integradísimas en el mercado laboral, el 48% de ellas tienen empleos a tiempo parcial frente al 28% de los hombres. O sea, que al final siguen estando ahí los efectos del patriarcado que vemos en otros países, muy ligados como siempre a la maternidad. Fijaos que Islandia equiparó hace más de 17 años los permisos de maternidad y paternidad, saltándose a la torera el hecho de que pas mujeres paren y los hombres, no, pero bueno, sigue siendo visto esto como igualdad. Pues ni por esas, claro. Esa brecha del 14% es más sangrante si pensamos en actualmente el 70% de quienes se gradúan en la universidad son mujeres.

Un tema que da mucha envidia, en el ámbito educativo, es por ejemplo que en la práctica totalidad de los institutos lleven años dando clases de Estudios de Género, enseñando a los adolescentes a identificar la discriminación que les llega a través de mil vías, y eso está luego promoviendo mucho debate en las familias y ayudando a cambiar las actitudes sociales, en definitiva.

Hablemos del aborto, actualmente es legal y libre hasta la semana 22 – se hizo una ley con supuestos en 1975 y luego fueron quitando cada vez más restricciones-. Y en cuanto a los derechos LGTBI, también Islandia es un país pionero: fue el cuarto país del mundo en legalizar las uniones de hecho entre personas del mismo sexo, en 1996, y el noveno en legalizar el matrimonio homosexual, en 2010. Disfrutan de leyes antidiscriminación desde los años 90 y las parejas no heterosexuales pueden adoptar desde 2006.

Es cierto que España aprobó el matrimonio homosexual cinco años antes, por ejemplo, pero la diferencia es que allí se hizo con unanimidad total en el parlamento y aquí pues con un recurso al Constitucional del PP, entre otras cosas. 

Lamentablemente, del neoliberalismo no se libran, y acaba de entrar en vigor una ley que permite la autodeterminación de género. Desde 2012, el cambio de sexo legal necesitaba previamente de un diagnóstico por parte de especialistas. Veremos qué efectos tiene la nueva ley. Aunque hay que tener en cuenta lo que os comentaba al principio sobre lo pequeña que es la sociedad islandesa: hablamos de que en 2012 la comunidad trans en Islandia eran unas 50 personas. Entonces, lógicamente muchos de los problemas que nosotras sufriremos con una ley así en España es fácil que en Islandia no lleguen a darse. Sí puede que aumenten exponencialmente las criaturas que empiecen a autodefinirse en base a los estereotipos, como ha pasado en Reino Unido, que con la matraca política sobre esta cuestión y las redes sociales haciendo de esta problemática algo cool, las inglesas han visto cómo el porcentaje de niñas y niños que de repente decían no ser niñas y niños creció de 97 criaturas en 2009 a 2.519 personas 8 años después, más de un 2.600% de aumento. Y lo que se ha incrementado sobre todo los casos de niñas que se declaran niños trans. Obviamente, son las niñas las que reciben más presión sexista.Veremos los números de Islandia.  

Vamos con la violencia machista en Islandia: Islandia tiene una tasa baja de feminicidios, pero aún así son una realidad que está ahí como en todas partes: de 1999 hasta 2019, es decir, en 20 años, hubo 13 feminicidios. Puede parecer más baja de lo que en realidad es, porque si le pusiéramos la población de España a Islandia, y extrapoláramos esta tasa, hablaríamos de que no serían 13 sino 1629. Esta correlación no se puede hacer en realidad, porque uno de los contrapunto de Islandia es precisamente su mínima población, pero para entendernos. Es una tasa baja pero no deja de ser preocupante. 

Por otra parte, un estudio de 2010 revelaba lo siguiente: un 30% de las mujeres adultas de Islandia habían sido atacadas por un varón al menos una vez en su vida, un 22% habían sufrido violencia por parte de su pareja hombre y al 13% las habían violado o intentado violar. La tasa per cápita de violaciones es de hecho bastante alta: en 2018 se denunciaron a la policía 263 violaciones. 

Los festivales que se celebran en los meses de verano vienen siendo eventos especialmente problemáticos en cuanto a agresiones sexuales. En Islandia, como en todos sitios, y aquí lo sabemos muy bien, las fiestas y las borracheras son monopolios masculinos. Donde hay alcohol, ellos hacen y deshacen y nosotras tenemos que ir con amigas hasta a mear. Y como veremos en el audio de una oyenta, las consecuencias de ese simple acto también se castiga con violencia.

Por último está el tema de la prostitución. En 2009 se implantó el modelo nórdico, es decir, se ilegalizó la prostitución y se empezó a penalizar a los puteros y a los proxenetas. Se han prohibido también los bares de striptease, por ejemplo, y además, contando con un amplio consenso social. Pero a pesar de esto… los puteros siguen encontrando formas de burlar esas normativas aprovechándose de la falta de medios de la policía para perseguirla. Tanto es así que incluso han surgido organizaciones ciudadanas, por ejemplo una que se llama “Gran Hermana”, mujeres que tratan de encontrar a puteros en las redes y luego facilitan esa información a las autoridades. Feministas, reina de la pista. 

La prostitución aparece muy ligada a la trata, y es que aprovechando el espacio Schengen, los proxenetas llevan allí a mujeres extranjeras, las prostituyen unos meses y, antes de que sea obligatorio registrarse oficialmente en el país, las mueven a otro sitio. Por sorprendente que parezca, el Departamento de Estado de EEUU, que hace un informe en el que divide a los países en tres niveles en función de si combaten la trata de forma efectiva o no, coloca a Islandia en el nivel intermedio solo. Es decir, que tienen en esto un margen de mejora importante todavía.

Y para acabar, damos un repaso a las familias monomarentales en Islandia:En 2017, según estadísticas de JSTOR, había 80.683 familias con al menos una criatura en Islandia en 2017. De todas ellas, el 72% tenían una pareja al frente, siendo el 28% las familias monoparentales. Si desglosamos este 28% encontramos que solo un 3% tienen un hombre al frente, y el 25% son realmente familias monomarentales. 

Ilustraciones > Canina Walls

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