Hace unos días, Sánchez Dragó tuiteaba lo siguiente: «Hoy me ha guiñado el ojo una chica. ¿Qué hago? ¿La denuncio o le guiño también el mío?». No entraré en hablar de las posibilidades reales que existen de que una chica se le insinúe (y digo insinuación porque es lo que él da a entender) por la calle a un octogenario. Es lo de menos que se lo haya inventado, y además no sería la primera vez que un señor blanco más cerca de los 100 que de los 50 suelta algo parecido en sus redes sociales.