11/11/2021
Una de las cosas que, como feminista, más me cuesta trabajar conmigo misma es la expectativa del nivel de bondad que espero de las personas de uno u otro sexo. Es decir, siempre espero de las mujeres más calidad humana que de los hombres. Es un aprendizaje patriarcal muy potente marcado sobre todo por el nivel de paciencia y bondad que la sociedad ha esperado siempre de mí y de mis pares y, a la vez, por la nula expectativa que se tiene de los hombres. Esto conlleva por necesidad dos consecuencias extendidas en el mundo: «Agárrate cuando no alcances el nivel de bondad y paciencia esperado, mujer», y el sacrosanto: «Es un hombre, ellos son así».