Aprovechando que se acerca el 25N, el día internacional contra la erradicación de la violencia contra las mujeres, me gustaría hacer una reflexión al respecto de un tema que parece nimio, pero solo lo parece: nuestras uñas.
En un mundo donde la imagen de una mujer es más discutida que sus palabras, sus manos, y más aún, sus uñas han sido siempre un campo de batalla al que nunca se le ha prestado demasiada atención. El motivo podría deberse a una jerarquización de las denuncias que se hacen sobre la presión hacia nuestro cuerpo. Sin embargo, me parecería un motivo equivocado: ¿por qué habría que elegir? Si podemos hablar de la presión sobre nuestro cuerpo, el peso, las curvas, el pecho, la celulitis, el pelo, el vello, la dentadura, el tamaño de nuestra nariz… si hablamos de, y denunciamos incluso, cómo la industria pornográfica está presionando a muchas mujeres a operarse para “rejuvenecer” la vagina o blanquearse el ano, ¿por qué no estamos hablando del elefante en el salón?