4/4/2023
La «donación» de óvulos es un tema que, con frecuencia, se aborda superficialmente. Y no precisamente por casualidad: la razón es la misma por la que esta práctica es tan desconocida: sus víctimas son mujeres. Hablamos de víctimas porque esta actividad pone en riesgo la salud física y psicológica de las mujeres que «donan». Y lo entrecomillo porque no hay donación alguna. Toda mujer que se somete a la punción ovárica, a las inyecciones hormonales y a todo el tinglao necesario para su propia explotación, es siempre convenientemente pagada. Sin embargo, se le llama «donación» porque es el juego de siempre del neoliberalismo: ponerle nombres cuquis y falseados a prácticas misóginas. Cabe aquí también mencionar la similitud con los vientres de alquiler (llamados por el sistema «Gestación subrogada»), porque en este caso también hablamos de mujeres precarias y, en su inmensa mayoría, muy jóvenes. A veces demasiado, ya que la extracción de óvulos, al ser pagada, es algo a lo que recurren muchas chicas universitarias. Aprovecho para recomendar este artículo de Nuria Coronado, donde entrevista a Aida, una mujer que pasó tres veces por la donación de óvulos, en tres momentos especialmente precarios de su vida, con tres clínicas diferentes.