14.000 mujeres marroquíes llegaron hace un mes al sur de España para la recogida de frutos rojos, con las mismas condiciones precarias de siempre. Nada más se sabe. Serán noticia -si llega a eso- cuando haya un caso especialmente sangrante, como el de Fátima, o cuando salgan a la luz abusos masivos. Las brechas de toda índole entre hombres y mujeres se amplían durante la pandemia. Ninguna medida que alivie esta realidad. Las víctimas de abuso sexual infantil y de violencia machista llevan un año encerradas con sus agresores. No pasa nada. Las mujeres prostituidas: encerradas o abandonadas. No se toman medidas. (Bueno, los puteros, sí). La pobreza se feminiza aún más debido a la crisis sanitaria. No es como para abrir telediarios.