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El que jugaba a ser putero es solo el humo que anuncia el incendio

La dimisión de Íñigo Errejón, un político que defendía (entre muchos otros) la regulación de la prostitución y los vientres de alquiler en nombre del «feminismo», mientras enfrentaba acusaciones de violencia sexual en las que, qué casualidad, jugaba a ser el «putero», nos obliga a denunciar una vez más la complicidad de la izquierda institucional con la explotación sexual y reproductiva de las niñas y mujeres. (Del BDSM y la «violencia sexual consentida» hablaremos otro día).